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De la blanca casita
donde por vez primera
tus ojos azabaches
en los míos se miraron
no queda nada.

Del jardín de jazmines
de nardos y de rosas
donde las mariposas
hermosas se posaban
no queda nada.

Y de aquel palomar
agarrado a la casa
con ventanillas llenas
de arrullos de palomas
no queda nada.

Y de los niņos inquietos
tus hermanos y hermanas
crecieron y se fueron
y de aquella inquietud
y de aquella niņez
no queda nada.

Y tus viejos, jóvenes entonces
en la flor de la vida
fueronse envejeciendo
y como fruta madura
desprendida del árbol
de nosotros se fueron
y de ellos
no queda nada.

Y crecieron, donde estaba la casa
árboles corpulentos
y donde era el jardín
creció la zarza
y de todo aquello
no queda nada.

Y se fue la casita
y se fue nuestra quimera
y también el jardín
y se fue el palomar
y se fue la inquietud
y se fue la niņez
de tus hermanos y hermanas
y se fueron tus viejos
y también te fuiste tú
por orden del destino
y de mi suerte mala
y me he quedado yo
con recuerdo de todo
y no faltando nada.


Por Carmen Luisa Justiniano (q.e.p.d.)
Y usado con el permiso de el Dr. Samuel Betances, hijo de la autora.



 

 

 

 

 



 

 

 

Copyright © October 2001, Dalia Morales
Revised: September 30, 2002
URL: Puerto Rico: My Ancestors and Their Descendants